CUANDO en los años cuarenta se
pusieron a funcionar las primeras computadoras (esos roperos de metal, llenos
de bulbos) se les llamó “cerebros electrónicos”, ya que podían hacer sumas.
Esto hizo imaginar a muchos: “Mañana las máquinas conversarán con nosotros”.
Y entonces el cine, los dibujos animados y la televisión se poblaron de robots
“inteligentísimos” —aunque de movimientos algo torpes— que acompañaban a los
humanos en toda clase de mundos. Mientras los alumnos de cibernética seguían
perforando tarjetas, en el cine la computadora HAL se ponía paranoica y tomaba
la decisión de asesinar a los astronautas de la película 2001, Odisea del
Espacio.
Afortunadamente en la actualidad
no tenemos maquinas con problemas de psique, al menos eso dispositivos del
tamaño de roperos sean miniaturizado a tal punto que los llevamos en nuestros
bolsillos como dispositivos multitareas (ya no solo realizan operaciones logarítmicas),
nos conectan con otros individuos, pueden supervisar nuestros signos vitales,
control otros dispositivos a distancia, comunicarnos y un largo etcétera.
Pero un punto de estos
dispositivos es dotarlos de inteligencia artificial, ¿cuáles serían los
alcances que se podrían lograr, podrían ser igual de inteligentes y autónomos
como los humanos?
¿Qué podríamos esperar en el
futuro de la inteligencia artificial?
Se han hecho cuantiosas
predicciones de lo que la aplicación de las técnicas de IA traería en el
futuro; algunas podrían ser realidad en poco tiempo y otras parecen francamente
especulativas. Echemos un vistazo: En el terreno de las computadoras
personales, la velocidad de un procesador será enorme y no podremos agotar su
memoria ni cargando ciclos enteros de cine ruso, que podremos ver doblados al
español con una voz idéntica a la de los actores. Serán gobernadas con la voz:
“Actívate”.
Quizá ya no sean necesarios los
monitores; unos anteojos inalámbricos de realidad virtual nos mostrarán cómo va
quedando nuestro texto. Los teclados también serán tan obsoletos como ahora lo
son las tarjetas con hoyitos; en vez de teclear, quizá podremos plasmar
palabras en la memoria de la computadora con sólo imaginarlas, gracias a una
discreta placa (chip) adherida a nuestra frente.
Una voz agradable nos dirá al
oído que hemos cometido un error de sintaxis y nos proporcionará, si lo
deseamos, una lista de posibles soluciones. En lugar de usar el “ratón”,
podremos manipular el texto (o el dibujo, o lo que sea) con el movimiento de
nuestros ojos, que será detectado por un inofensivo rayo láser.
¿Pueden pensar las máquinas?
Se ha logrado dotar a las
máquinas de información útil que pueden usar en un ámbito especializado, por ejemplo,
para recorrer una trayectoria de obstáculos y memorizarla o para ejecutar
algunos procesos complejos, pero el pensamiento humano es otra cosa: nuestro
cerebro posee aproximadamente 10 mil millones de neuronas y si todavía no
sabemos exactamente cómo se interrelacionan para “pensar”, mucho menos podemos
reproducir en una máquina ese proceso.
Hay muchos aspectos que diferencian al cerebro
humano de los sistemas desarrollados por la inteligencia artificial, entre
ellos:
¿Pueden pensar las máquinas?
• Las máquinas carecen de
mecanismos intuitivos y se basan sólo en el método automático de prueba y
error; por ello, no tienen la capacidad de reaccionar ante situaciones
inesperadas ni la posibilidad de generalizar acontecimientos distintos.
• Las máquinas carecen de
creatividad, aspecto hasta ahora totalmente humano. En las máquinas no existe
una interrelación creativa, y los cambios de contexto no implican una
modificación sustancial entre sus circuitos y programas; el medio circundante
no modifica estructuralmente sus funciones.
• La mente humana está provista
de valores producto de la interrelación social; al carecer de aquéllos, las
máquinas no pueden evolucionar o autoperfeccionarse.
En estos últimos 50 años apenas
estamos rozando lo que las inteligencias artificiales pueden hacer, por el
momento no son autónomas existen rutinas programadas por humanos, no pueden
tomar conciencia de ellas, pero esto evoluciona a pasas agigantados en algunos
años nos podrían sorprender.
Fuente:
Gómez Herrera, R. (2013). La inteligencia artificial. ¿Hacia dónde nos lleva? ¿Cómo ves?, N°. 2, (Pp. 8-11). México: UNAM, recuperado el 13/04/15 de: http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/2/la-inteligencia-artificial-hacia-donde-nos-lleva.pdf
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